Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestra web mediante el análisis de tu navegación en nuestro sitio. Si continuas navegando, consideraremos que aceptas su uso. Para más información, consulta nuestra Política de Cookies.

Aceptar

Cancelar

Para no perderte ni un solo proyecto,

coloca el dispositivo en posición vertical.

; )

La movilidad después del confinamiento: ¿nos desplazaremos igual?

07/04/2020

Calles vacias

El ser humano es un animal de costumbres. Es extremadamente complicado lograr que una parte significativa de la población cambie de hábitos, especialmente en algo tan rutinario como es la movilidad, donde una gran parte de los viajes los repetimos a diario casi por inercia

Esta resistencia al cambio provoca que las medidas y planes destinados a modificar los patrones de movilidad se convierta en un trabajo titánico, que lleva años, si no décadas, en conseguir, y que de hecho muchas veces no se termina de lograr.

Sin embargo, algo inimaginable hace apenas unos meses ha ocurrido. De la noche a la mañana el país prácticamente se paralizó. Las aglomeraciones a las que estábamos acostumbrados en el transporte público en hora punta, y a las que nos terminábamos resignando se convirtieron en un asunto de Estado.

Según la aplicación Citymapper, en la semana del 16 al 22 de marzo en Madrid se realizaron solo el 5% de los viajes que se realizan habitualmente. En Milán el 4%, en Barcelona el 6% y en París el 9%. En los días y semanas posteriores estos valores se han mantenido e incluso incrementado.

Grafico CityMaper
Gráfico 1. Fuente Citymapper

En lo que respecta al tráfico en vehículo privado, podemos ilustrarlo con el tráfico observado en la M-30 de Madrid. El tráfico se ha reducido a una tercera parte prácticamente de un día para otro.

Madrid Calle 30
Gráfico 2. Ayuntamiento de Madrid

En el transporte público, según Metro de Madrid, está habiendo caídas de hasta el 90%. Se están produciendo imágenes nunca vistas como el Paseo de la Castellana en Madrid o la Avenida Meridiana absolutamente desiertas.

Madrid y Barcelona
Imagen 1. Paseo de la Castellana, Madrid (izq.) y Avenida Meridiana, Barcelona (der.) el 25 de marzo. Fuente: Ayuntamiento de Madrid y Ajuntament de Barcelona

Obviamente nos encontramos ante una situación excepcional y solo sostenible durante un periodo corto de tiempo. Sin embargo, es posible que parte de los cambios producidos perduren en el tiempo.

Empresas que tenían un fuerte valor presencial y se resistían al teletrabajo se han visto obligadas ahora a ello. Reuniones cara a cara, que incluso conllevaban tener que perder la jornada completa para llegar se han convertido en videoconferencias. La conciliación familiar y la flexibilidad horaria, una lucha en la que se lleva insistiendo años han tenido que implementarse, al instaurarse el estado de alarma. En general, cosas que hace apenas un mes parecían prácticamente impensables a tan gran escala, y que ahora mucha empresas e instituciones se tendrán que empezar a replantear, tras haberlo tenido que aplicar a la fuerza y ver que es posible.

Y esto es solo cuando hablamos de la movilidad ocupacional. También están cambiando los patrones del resto de nuestras actividades diarias. Ahora buscamos alternativas de ocio en nuestras propias casas, tratamos de abastecer nuestras necesidades básicas en los barrios y nos planteamos más cómo aprovechar al máximo el viaje, para reducir nuestros contactos con otras personas.

Y, por otro lado, ¿qué va a pasar con el reparto modal? Un incremento en la distancia social que consideramos aceptable puede provocar un rechazo a los medios de transporte colectivos, provocando un mayor uso de la movilidad no motorizada, aunque también del vehículo privado. También puede derivar en mayores exigencias a los operadores de transporte público, que tendrán que ajustar una oferta que permita un mayor distanciamiento entre los pasajeros.

En realidad, no hay nada claro sobre qué va a pasar después de esta crisis, que nunca se había producido un cambio tan drástico en tan poco tiempo en las últimas décadas. ¿Cambiaremos nuestras formas de ser y de comportarnos para siempre o volveremos a nuestro carácter anterior? ¿Será capaz de dejarnos una huella tan grande que cambie la forma en la que vivamos? La verdad es que yo, y creo que nadie en verdad, tenemos ni idea de lo que va a pasar.

Espero y confío que de esta crisis consigamos salir adelante, aprender y mejorar nuestra vida como sociedad. Y, sobre todo, QUÉDATE EN CASA.

 

Gracias por su lectura.

Pablo Cidón | Ingeniero